Palabras de un loco corazón inquieto, que late al compás de lo que escucha...

sábado, 8 de febrero de 2014

Melancolía.

Para nosotros el arte no tiene ya el alto destino de que gozaba en otro tiempo. Se ha convertido para nosotros en objeto de representación, y ya no tiene esa proximidad, esa plenitud vital o esa realidad que tenía en la época de su florecimiento entre los griegos. Podemos lamentar que la sublime belleza del arte griego o el concepto, el contenido de esta buena época, sean para nosotros cosas desapreciadas; se puede explicar por el aumento de las dificultades de la vida, aumento debido a la incrementada complejidad de nuestra vida social y política, y se puede lamentar que nuestra atención haya sido absorbida por mezquinos intereses y puntos de vista utilitarios, lo cual ha hecho perder al alma la serenidad y la libertad que únicamente pueden hacer posible el goce desinteresado del arte. Toda nuestra cultura se ha transformado de tal manera que está dominada por completo por la regla general, por la ley. Se ha dado a estas determinaciones generales el nombre de conceptos, y el concepto mismo se ha convertido en una determinación abstracta. (...) Para nuestra inteligencia se ha convertido en una costumbre, casi en una segunda naturaleza, definir lo particular según los principios generales: deber, principio, derecho, máxima, etc. El individuo está determinado según estas reglas y principios; hemos adquirido la costumbre de centrar nuestra reflexión sobre estos puntos de vista generales que consideramos como determinantes, costumbre que no es, con toda seguridad, un producto de la vida artística. Lo que exigimos e una obra de arte es que participe de la vida, y del arte en general exigimos que no sea dominado por abstracciones tales como la ley, el derecho, la máxima, que la generalidad que manifiesta no sea ajena al corazón, al sentimiento, que la imagen exista en la imaginación bajo una forma concreta. Pero como nuestra cultura no está caracterizada por un desbordamiento de vida y como nuestro espíritu y nuestra alma no pueden ya encontrar la satisfacción que producen los objetos animados con un soplo de vida, se puede decir que al situarnos en el punto de vista de la cultura, de nuestra cultura, ya no estamos en condiciones de apreciar el arte en su justo valor, de darnos cuenta de su misión y de su dignidad.

G. F. Hegel. Introducción a la estética.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Un mar de fueguitos

Un hombre del pueblo de Neguá en la costa de Colombia, pudo subir al cielo. A la vuelta, contó:
Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. El mundo es eso, reveló, un montón de gente, un mar de fueguitos…

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fueguitos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos, y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman. Pero otros, arden la vida con tantas ganas, que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende…

martes, 10 de septiembre de 2013

Filosofía barata y zapatos de goma.

Cuando uno se pone a ordenar papeles viejos, a revisar cajones, a hacer limpieza de todo, es como si viajara en el tiempo. Cada hoja se vuelve recuerdo, momento, persona, sensación. Pareciera como si nos inundara el pasado. Y cuando uno de pronto mira a su alrededor, o aparece alguien que lo devuelve al hoy, cuesta volver a acomodarse. Así como los ojos tardan en acostumbrarse a un cambio de luz, la mente tarda en reaccionar y reconocer que hoy es lunes, que son las seis, que ayer pasó esto y esto y mañana tengo que hacer esto otro, y que hoy estoy acá, soy esto que soy.
Pero la realidad vuelve a uno distorsionada. Después de haber estado viajando por mundos diferentes al actual, al volver uno lo mira desde afuera, como quien ve la ciudad acercándose desde la autopista, a la distancia. Y se pregunta si todo ese mundo que se va vislumbrando a medida que el vehículo avanza es real o ficticio. Si los recuerdos más cercanos, los de estos días, las caras, los momentos, los nombres, las casas, todo eso que forma un supuesto presente, es real o imaginario. ¿Cómo es que ahora existe todo eso que antes no? ¿Cómo se creó, quién lo creó, cuándo? ¿Y por qué no existía antes? ¿O acaso existía y yo no lo sabía ver? ¿O tampoco existe hoy? Se desdibuja el límite de lo real y la mente empieza a dudar de todo.
¿Hasta dónde un encuentro cara a cara, cuerpo a cuerpo, es real? ¿Qué porcentaje de mí tiene que estar presente para que yo lo esté? ¿Qué hay de esos lugares en los que uno está aunque su cuerpo esté a miles de kilómetros, o a unas casas de distancia? ¿Qué son esas soledades compartidas con quien está sentado a nuestro lado? ¿Cómo medir la distancia entre dos personas, si ahora mi mente está acá con vos y ahora está volando por cualquier parte del mundo? ¿Qué de todo es poesía y qué es expresión? ¿Dónde está el límite? ¿Existe tal cosa?
¿Por qué se les enseña a los chicos en el colegio a dar un examen solo, sin ningún tipo de ayuda, calificando al que tuvo más suerte quizás… si cuando sale al mundo la realidad es totalmente distinta, cualquier información está al alcance del dedo índice y todo trabajo en equipo es más valorado que el rendimiento individual? ¿De qué sirve aprender, de qué sirve escribir, de qué sirve memorizar fórmulas o fechas? ¿Para qué aprender a escribir prolijo, sin faltas de ortografía, si una máquina lo puede hacer por mí? Eso y muchas otras cosas. Si quiero incluso puedo construir toda una vida virtual, crecer, progresar, realizarme como ser humano y no haberme movido de mi silla. Pero si a mi me llena, entonces esos simuladores ¿me alejan de la realidad o me acercan a otra, más real? Quizás allí uno pueda ser uno mismo, porque no tenga que seguir un modelo, un mandato social, un paradigma. Quizás allí no haga falta fingir, aparentar, mentir. Quizás ahí uno pueda expresar lo que quiere del modo en que quiere, sin que nadie lo cuestione ni lo critique. ¿Cuánto de real tiene un mundo basado en la mentira? ¿Cuánto de real tiene una relación basada en el engaño, en la especulación, en la estrategia que uno puede armarse para lograr tal o cual efecto en el otro, en lugar de ser auténtico, expresar lo que uno siente sin pudores, sin miedos? ¿Llega a ser real en algún momento? ¿O solo se hace real cuando uno empieza a mostrar su verdadera cara, y entonces se destruye todo ese circo que se había montado sobre engaños? ¿Ese es el costo de la falsedad? ¿O cuesta más ser auténtico?
La pregunta que surge es obvia y clave a la vez: ¿para qué?
¿En qué medida nos mentimos a nosotros mismos para conformarnos? ¿Acaso cuesta salir de la zona de confort, acaso es más fácil vivir la vida de otros pretendiendo estar bien y ser feliz? ¿O es que en realidad esa es nuestra verdadera esencia, la de esquivar la mirada, hacer oídos sordos, y simular que no pasa nada, que todo está bien? O acaso los que aprendieron muchas más cosas sobre la vida que yo entendieron que el esfuerzo por ser feliz no vale la pena?
¿Cuál es la gracia de ver la vida desde afuera, de vivir la vida de otros, como si el mundo fuera una gran novela y nosotros los predilectos espectadores sin alas ni voz ni voto ni nada?
¿Tiene lógica que yo esté escribiendo esto y pensando en publicarlo en quién sabe qué mundo virtual, en lugar de decirlo mirando a los ojos a la persona en quien pienso todo el tiempo, con un café o unos mates de por medio y simplemente sintiendo su presencia, quizás real, a mi lado? ¿Acaso esa presencia es real por el simple hecho de estar juntos, en la misma habitación de la misma casa en el mismo momento? ¿Y cuál es el sentido de juntarse, de verse, si uno de los dos está como ausente? ¿Dónde surge el encuentro? ¿Y hasta donde es desencuentro? ¿Por qué se extraña tanto a una persona y cuando la tenemos al lado la ignoramos? ¿Qué clase de estrategia es esa? ¿Qué es lo que extrañamos en realidad? ¿Cómo sé si está, cómo sé si estoy, cómo distingo quién está y quien no? ¿Tendré que aprender a leer entre líneas y descubrir en cada palabra la sinceridad y la mentira? ¿Y cómo sé qué es cada cosa si todo es absolutamente subjetivo?

Quizás lo único real sea el sentimiento. Quizás todas las respuestas las encuentre cuando aprenda a despojarme de todas las preguntas. 

domingo, 14 de julio de 2013

Egoísta

“A veces es mejor quedarse quieto con el trago en la mano en un rincón”.
Pensando y respondiendo algunas preguntas que uno se venía haciendo hacía tiempo.
Hoy lo veo claro y conciso. Era cierto lo que no quería ver.
Pero no por lo que yo creía.
Sino porque así es como nacen los tiranos.
En la debilidad de su propio espíritu.
No existe gente mala, existe gente débil.
Y vos nunca supiste ser.
Por eso te duele tanto ver a los que son,
Y envidias.
Odias, te odias, los odias. Desesperas.
Perdés el respeto por todo y por todos.
Y entonces buscás tu propio destino en un universo de nada.
Buscando culpables a todo. Incluso a la belleza de las flores.
Y todo
Porque nunca pudiste encontrar en vos mismo una luz.
Yo quise ayudarte.
Vos no quisiste cambiar.
Todo está dicho.
No hay nada que hacer.

martes, 11 de junio de 2013

Decisiones

Es un buen momento para tomar decisiones. Cuando uno tiene las cosas claras acerca de lo que quiere y de lo que definitivamente no quiere, los horizontes se vuelven más cercanos, las ideas se acomodan y la vida fluye como el río.
Pero cuesta encontrar la manera de alcanzar los sueños, un día como hoy, tan ayer. El tiempo amenazante golpea la puerta y llama a salir de aquel pasado tan vivo aún. 
Si por mí fuera, ya estaría muy lejos de acá. Pero por alguna razón sigo pisando el mismo suelo. Puede que sea el miedo lo que me mantenga en este lugar, la incertidumbre, la seguridad que me genera la estabilidad. 
Soy consciente de que la vida así no tiene sentido, que no fuimos creados para quedarnos quietos. Que todo tiene sentido cuando nos empezamos a mover. Es ahí cuando se empieza a escribir la historia. Soy consciente de eso y sin embargo, sigo sentada en la misma habitación que hace tantos años, esperando no sé bien qué.
¿Existe la fórmula para olvidar? ¿Hay manera de dejar atrás todo y empezar a vivir la vida de uno mismo, sin buscar en los demás el cumplimiento de la misión que se nos fue concedida a nosotros? ¿Cuál es la receta para dejar de soñar y empezar a proyectar? ¿En verdad sigo igual que siempre, o escalé tanto que en realidad voy encontrando cumbres cada vez más altas? A veces cuesta confiar en el futuro cuando el pasado nos dio tantos golpes. Pero no puedo quedarme quieta. Mi vida no tiene gracia si no tengo un ideal que seguir, un motivo por el cual levantarme cada día y hacer las cosas que hago. Sea un sueño, una imagen, una persona... siempre necesito llevar algo conmigo que me impulse. Esas marcas, esas sonrisas, que fortalecen el espíritu en el momento de decidir y actuar, y que lo son todo, impulso y destino, razón y objetivo, causa y efecto.

viernes, 25 de enero de 2013

La Orilla



Hay quienes piensan que la playa tiene solo dos elementos: mar y arena.

Por alguna razón, ignoran aquel mágico espacio donde ambos se unen.

La orilla no es un gris, mezcla de blanco y negro. No es un perímetro ni una línea trazada con marcador que divide esto y aquello, fuera y dentro, aquí y allá.

La orilla es lo que hace especial a una playa. Es el lugar donde se refleja el último rayo de sol del atardecer. Es el momento en que algo cambia. Es movimiento, brillo, instante. Es la sombra borrosa de quien camina mojando sus pies.

Es la fusión de dos almas encarnadas en mar y arena. Es el juego de la seducción. Es el momento en que sentimos aquello que nos hace saber que estamos vivos.

La orilla es el sabor de un beso, es el calor de un abrazo. Es la palabra dicha en el momento en que se pronuncia. La orilla es eternidad y presente al mismo tiempo.

La orilla no es duda, no es abismo, no es límite, no es suma. Es el resplandor de la vida, es la libertad en su esencia. Es el reflejo del cielo, es la huella que se borra en la arena y se graba en el mar.

La orilla es el último aliento de las olas, es todo lo que el mar trae y se vuelve a llevar. La orilla es la canción del agua y la sal que bailan al ritmo del viento.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Sos mi debilidad.

No lo puedo evitar. Por más que quiera, siempre tuviste todas las de ganar. Siempre fuiste la persona ideal. Con tus defectos, sí, pero con todas las virtudes que yo siempre busqué en un hombre. 
En el momento en que te tuve, no lo supe ver, era demasiado chica para darme cuenta de la persona que tenía al lado. 
Y así, te dejé ir... 

Cuando me di cuenta ya era tarde. 
No éramos más que amigos. 
El hechizo se había roto.
Y una barrera se interpuso entre vos y yo.

Entonces empecé a intentar aprender a vivir sin vos (o con lo poco que me queda de vos) y me estaba saliendo muy bien. Cambié muchísimo en este tiempo, como habrás notado. Incluso logré mirarte diferente. Logré dejar de necesitarte tanto. Me relajé y empecé a mirar hacia otro lado, a mirarme a mí misma y a todos los que me rodean. Y logré ser la persona que siempre quise, logré cumplir muchos objetivos que me había propuesto. Cambié mi actitud ante el mundo. Aprendí mucho de muchas personas a las que admiro. Pasó mucha agua bajo el puente, y aprendí a alejarme de lo que me hace mal y a dejar de sufrir por cosas que no valen la pena. Aprendí a vivir la vida, a disfrutarla y a valorar cada momento. Fui muy feliz.

Cuando sentí que ya había logrado todo, que había superado todas las pruebas, me di cuenta que no logro superarte a vos. Sos mi debilidad. Puedo ponerme una máscara y fingir que todo está bien. Intentar romper esa barrera y pretender ser tu amiga. Barrer la basura debajo de la alfombra y mostrarme impecable. Creí que ya no me afectaba no tenerte conmigo. Pero para ser sincera, después de tantos años, descubro hoy que las cosas dentro mío no cambiaron. No es más que fuego tapado con arena. Cualquier viento lo vuelve a avivar.

Varios de los fantasmas del pasado vuelven y me debato a mí misma entre la angustia y la bronca. Bronca con vos (¿de qué me sirve tu amistad, que me valores y que me quieras mucho? ¿por qué hacés todo tan bien? ¿por qué me tratás con tanto respeto y cariño? ¿por qué no hacés nada para que yo te quiera menos? ¿por qué, al contrario, siempre te mostras perfecto conmigo?), bronca conmigo (¿por qué siempre me pasa a mí? ¿qué es lo que te hace tan especial para mí? ¿por qué me duele tanto esta situación si ya sabía como eran las cosas, si siempre lo supe? ¿por qué mierda guardé una esperanza mientras pretendía haber cambiado? ¿por qué te dejé ir así? ¿por qué las cosas no pueden ser como yo quiero? ¿cuántas veces más voy a tener que chocar contra la misma pared?).

Espero que la vida esté queriendo enseñarme algo con todo esto. Pero lo que es claro es que todavía no aprendí nada. Que mi esencia no cambió y que me falta mucho por entender. 

martes, 28 de febrero de 2012

La mediocridad para algunos es normal...

¿A mí sola me pasa esto?

A veces pienso que yo en realidad nunca maduré. Que sigo soñando lo mismo que de chica, y que ya es hora de crecer, de dejar esos sueños de lado, de hacerme la grande y estudiar alguna de esas carreras que garpan pero que no tienen ni un poco de humanidad. Empezar a quejarme de todo, desde el gobierno hasta el imbécil del colectivero que hizo tal o cual cosa, desde el calor y la humedad hasta los precios que no dejan de subir y las cosas que vienen cada vez más berretas. Adaptarme a la rutina, llevar una vida chata, dejar de hablar de “pasiones” y empezar a hablar de “hobbies”, de “cuentas pendientes”, de “el año que viene veré si puedo” o de “en mi próxima vida lo voy a hacer”. Pasar años y años haciendo lo mismo, yendo al mismo lugar, levantándome a tal hora y haciéndome el mismo puto café. Estar siempre apurada porque se hace tarde, o tener todos los horarios calculados y aún así llegar tarde. Comer sin ganas, comida hecha sin ganas. Juntarme con gente que no tengo ganas de ver y hablar mal a sus espaldas. Vivir cansada y con sueño atrasado y que mi mayor felicidad en toda la semana sea saber que llegó el viernes. Y aún así el fin de semana no descansar. Tirar basura en la calle y luego quejarme de la contaminación. Buscar cualquier excusa para faltar al trabajo. Criticar a todo el mundo. Estar con alguien por costumbre y no jugarme por lo que siento. Ser infiel. Contar cosas que a nadie le importan, o que mi principal tema de conversación sea saber a quién echaron en la gala de anoche, quién se peleó con quién o quién dijo qué. Hacer lo que se supone que está bien, lo que me deja mejor parada, lo que la gente me dice que haga, lo que me ¿ordenan? hacer. Pasarme todo el año ansiando esos benditos quince días de gloria, y quejarme (otra vez) si no me dan la quincena que yo quería. Tener la cara llena de ojeras y vacía de sonrisas. Dejar que a los chicos los eduque la televisión. Perder la curiosidad, las ganas de aprender y de sorprendernos, porque “ya estamos grandes para eso”. Dar cosas por sobreentendidas, o por superadas, justamente porque “ya somos grandes”. Ocultar, esconder, aparentar, ostentar, juzgar, evitar, callar. Llorar una muerte y lamentar no haberlo disfrutado en vida. Pelearme sin motivo con la gente que amo, y perder las ganas de amar.

Sí, evidentemente yo soy la que la está pifiando, porque tanta gente haciendo lo mismo no puede estar equivocada.

Si de eso se trata crecer, a mi déjenme seguir viviendo en Nunca Jamás.


sábado, 21 de enero de 2012

No eres los otros

No te habrá de salvar lo que dejaron escrito aquellos que tu miedo implora; no eres los otros y te ves ahora centro del laberinto que traman tus pasos. No te salva la agonía de Jesús o de Sócrates ni el fuerte Siddharta de oro que aceptó la muerte en un jardín, al declinar el día. Polvo también es la palabra escrita por tu mano o el verbo pronunciado por tu boca. No hay lástima en el Hado y la noche de Dios es infinita.

Tu materia es el tiempo, el incesante tiempo. Eres cada solitario instante.

Jorge Luis Borges

martes, 23 de agosto de 2011

Manifiesto


No soporto más el invierno.

Me cansé de la avenida Maipú a la noche.

No quiero más noches largas de cerveza que terminan en nada.

Me da asco el olor de los tés saborizados Inti Zen.

Necesito ponerme las pilas otra vez con la facu.

No quería probar ninguna sustancia ilegal.

No aguanto más que el tiempo me corra.

No puedo con mis celos.

Siempre dejo todo para mañana, o para el lunes.

Hace más de un mes que no toco la guitarra.

No me puedo levantar antes de las 11 de la mañana. Nunca.

Extraño mi vida de antes, aunque recién ahora me siento viva.

No soporto la incertidumbre.

No te conozco y tengo miedo que sea todo mentira.

Nunca quise que termine así.

Nunca quise que empiece así.

Me duele la cabeza y la garganta.

Cada vez me siento más lejos de la música.

Cada vez tengo menos ganas de seguir con esto.

No paro de gastar plata en cosas que no uso ni voy a usar.

Nunca supe separar las cosas, lo personal de todo lo demás.

Los sueños parecían acercarse, y ahora se ven lejanos otra vez.

Los proyectos se van postergando.

Y cada vez cumplo menos con mis compromisos.

Odio el frío, me hace mal.

No entiendo la diferencia entre “hidratante” y “humectante”.

Extraño a los chicos, al grupo, pero me porté mal y ahora no sé cómo volver.

Ya me estaba acostumbrando a tus besos.

Cada vez me exigen más en el trabajo.

Me cuesta encontrar la grandeza en esa obra.

Quisiera dejar todo y viajar a otro lugar.

Ya son las doce.

Quiero ir a ver a Waters, a Clapton y a los Red Hot.

Extraño los recitales.

Me tapa la pila de apuntes.

A mi tampoco me gustan los tragos dulces.

Todo lleva su respectiva burocracia.

No encuentro mi centro.

Me haces bien y mal al mismo tiempo.

No tenemos nada en común, no podríamos estar juntos.

El invierno está pasando muy lento.

Mi bondi no pasa a las 3 de la mañana (te lo tenía que decir).

Necesito más espacio.

Me cansé de esperar el momento que nunca llega.

Siempre busco mi verdad en la letra de una canción.

Si no canto lo que siento, me voy a morir por dentro.

No estoy segura de haber tomado la decisión correcta.

Si te vas las cosas van a estar mejor.

O quizás, al menos vuelvan a la normalidad.